Words & Words, parte I: Las hijas del Invierno
Words & Words, parte I: Las hijas del Invierno
Interrogo mis palabras, bastas oraciones,
para inquirir por qué ya no se alinean
en prosa o en canciones...
Por qué ha cesado su puje imperante
por verse plasmadas de forma elegante,
narrándome como fuera antes.
Pues ya no resuenan sus voces chirriantes
gritando y buscando cómo escaparse...
si así fuera, desnudas, sin formarse,
¡Apenas, entonces, vocablos disonantes!
Ya no arañan mi garganta,
no hormiguean en mis dedos,
no restallan sus orgías
lujuriosas en mis desvelos.
Cual cascada, surgían a borbotones
las había de mil formas, las había por montones,
acudiendo a la llamada
a expresar mis emociones.
No por ello súbditas de las órdenes
de mí, su General,
pues, revolucionarias ellas,
tenían su propia Verdad.
Pero había entre mí y ellas
una cierta reciprocidad,
Sanguijuelas y Sabandija,
hombre (¿santo?) y su maná.
Y ahora quietas, descansando,
no atraviesan la corteza
de un cerebro atormentado
como agujas lacerando.
Y se extraña su presencia
anhelando su hiriente hedor
pues sé bien, era su esencia
ser las hijas del dolor.
para inquirir por qué ya no se alinean
en prosa o en canciones...
Por qué ha cesado su puje imperante
por verse plasmadas de forma elegante,
narrándome como fuera antes.
Pues ya no resuenan sus voces chirriantes
gritando y buscando cómo escaparse...
si así fuera, desnudas, sin formarse,
¡Apenas, entonces, vocablos disonantes!
Ya no arañan mi garganta,
no hormiguean en mis dedos,
no restallan sus orgías
lujuriosas en mis desvelos.
Cual cascada, surgían a borbotones
las había de mil formas, las había por montones,
acudiendo a la llamada
a expresar mis emociones.
No por ello súbditas de las órdenes
de mí, su General,
pues, revolucionarias ellas,
tenían su propia Verdad.
Pero había entre mí y ellas
una cierta reciprocidad,
Sanguijuelas y Sabandija,
hombre (¿santo?) y su maná.
Y ahora quietas, descansando,
no atraviesan la corteza
de un cerebro atormentado
como agujas lacerando.
Y se extraña su presencia
anhelando su hiriente hedor
pues sé bien, era su esencia
ser las hijas del dolor.