"...Sólo eran los desvaríos, los delirios fantásticos y las divagaciones de un loco y romántico soñador que buscaba lidiar con sus ilusiones y sus quimeras para darles alguna forma real, como si desangrarse en tinta fuera la única manera posible de atar lo que sentía a palabras. Y como tales, no valían la pena..."

martes, 30 de noviembre de 2010

No la Luna


No sos la Luna,

sos más bien el Sol:

te erguís ahí,

sublime en medio del vacío.

Las otras estrellas...

quedan tan lejos en tu presencia,

a la vista de esa piel tersa y caliente

que encandila mis ojos y me enceguece

Y tenés esa magia

que hace que la sangre

me queme en las venas

simplemente con que estés cerca...

Y como un agujero negro

(pero mucho más hermosa)

atraés a todos

y los obligás a orbitar a tu alrededor(sin siquiera proponértelo)

No sos la Luna,

la Luna más bien soy yo:

Pequeño, pálido y con un lado oscuro,

tan sólo a veces eclipso tu fulgor.

Y no, no quieras contradecirlo,

diciendo que tengo mi fuego interior...

Si a veces brillo

es sólo porque tu luz se refleja en mí.

jueves, 25 de noviembre de 2010

No leaf clover


Then it comes to be that the soothing light
At the end of your tunnel
Was just a freight train comin your way

Just Bleeding...


When the pain is just too real.
When there's caos in my feel.
When I think I'll never heal.

When my magic's left and gone.
When my awful cries rise up.
When the life I had blows up.

I have so much left to ask.
I have everything left to loose.

When I have no other words
to sing, to say or pray,
What I going to do until I dry
is go ahead and cry.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Making love out of nothing at all




"Y veo ahora el surgimiento de los más bajos instintos, ideas que son hijas bastardas de un caprichoso designio, que me tiene aquí atado a los avatares de tu cintura, alojado en las sinuosidades de tu pecho, involucrado hasta la locura en la sensualidad que exhalas por los poros de tu piel, sintiendo tus mil lenguas de fuego acariciar un propósito sin acercarse a él, los cantos de sirena y los susurros de las ninfas que se esconden en tu voz, y el peligro de dejarme caer en un abismo que, sin bordes, solo puede hacerme desaparecer."

We're all Elephants

Antes de pasar al cuento en sí, quiero pedir disculpas por adelantado porque va a parecer infantil,pero la intención era que fuera satírico e irónico, ya que me inspiré en Rebelión en la Granja para escribirlo. Espero que guste...

En una comunidad vivían (y ello no quiere decir que convivieran) los Elefantes y las Hormigas. Desde tiempos inmemoriales había sido de esta manera. Los Elefantes constituían la mayor parte de la Comunidad, y eran mucho más humanos que los elefantes que conocemos nosotros. Los elefantes sabían muy poco sobre sus vecinas las hormigas. Casi ninguno las había visto de cerca (al punto de que algunos de ellos, entre los que se encontraban las camadas de elefantes más jóvenes, no creían que existieran realmente), y aquellos que si las habían visto, no entendían qué es lo que hacían. Se burlaban de ellas, riéndose con ruidos atronadores a través de sus largas trompas, porque les causaba gracia lo chiquitas que eran, y como inútilmente trataban de cargar con grandes pesos sus pequeños cuerpecitos, mientras que ellos eran capaces de levantar grandes troncos y rocas con sus fuertes miembros. Y se reían por el hecho de que las consideraban tontas, mientras ellos tenían grandes cerebros. Algunos de los elefantes más crueles incluso pisaban a las hormigas, aplastándolas hasta la muerte, o derribaban los nidos donde ellas vivían y que con tanto esfuerzo habían levantado, tan solo por diversión. Pero a pesar de todo ello, creyeran o no en ellas, las miraran con indiferencia y piedad burlona o se mofaran abiertamente y las pisaran en cada oportunidad posible, todos los Elefantes habían oído hablar alguna vez de las Hormigas.

Ahora bien, estos Elefantes se habían vuelto muy vagos. En épocas anteriores habían inventado grandes construcciones de madera y roca y otros elementos que habían trabajado con sus patas y sus trompas y sus duras cabezas, que eran el orgullo y la noticia de miles de kilómetros a la redonda. Pero ahora los tiempos habían cambiado, y tanto la comida como el agua escaseaban. Grandes grietas se abrían en los suelos, el calor era más atroz que nunca, y los ánimos comenzaban a caldearse. Sin embargo, los Elefantes no hacían nada por cambiar su situación. Sabían que la falta de agua se debía a que el río que normalmente atravesaba la Comunidad por el medio, donde en épocas anteriores podían acudir a beber y bañarse, y donde los más pequeños chapoteaban y se divertían, se había desviado hacia otras tierras (y en esto habían tenido cierta culpa algunos otros Animales), haciendo que el caudal disminuyera y terminara por secarse. Y sin agua recurrente, las plantas y los arbustos de los cuales se alimentaban, se habían marchitado bajo el impiadoso sol. Ahora sólo quedaban unos yuyos raídos y amargos donde antes había florecido una flora vasta y variada, que servía para comer y para alegrar los ojos de los elefantes con sus flores multicolores.

Pero los Elefantes no hacían más que quejarse de su mala fortuna. –“¿Qué podemos hacer nosotros,”-decían con sus profundas voces-“si somos tan grandes y pesados?”; “¿Qué cambiará que yo me mueva hasta el Desvío, si no puedo hacer nada para arreglarlo?”-se quejaban otros. Y así se excusaban, y se tiraban a las pocas sombras que había en la zona, a dormir y a quejarse, sin darse cuenta que esperaban inactivos la Muerte. Y en verdad muchos de ellos habían muerto ya, a causa de la sed y la inanición. Así, grandes esqueletos brillaban al sol, entre las maquinarias que habían construido y que ahora no les servían, porque aunque tuvieran alguna para ese propósito, no tenían las fuerzas necesarias para hacerlas andar.

Y eso no era lo peor. Los más malvados entre los Elefantes, aquellos elefantes de corazón oscuro, astutos y traicioneros, habían comenzado a urdir planes para acaparar los pocos pastos que quedaran y hacer a los otros Elefantes cumplir sus voluntades. Y no tenían reparos en dejar morir a la mayoría de ellos y darles la espalda a las mujeres Elefante y a los niños Elefante y a los ancianos Elefante, porque en sus mentes sólo ellos importaban. Y cada uno de ellos tramaba incluso otros planes donde traicionaba a aquellos que complotaban con él, por lo cual tendrían el poder y dominio absoluto luego de que los demás desaparecieran. Y entonces forjaban grandes alianzas y pronunciaban solemnes juramentos hechos de palabras vacías, y reían para sus adentros mientras se estrechaban sus largas trompas entre ellos, porque cada uno de ellos creía que era el más inteligente y que nadie se daría cuenta de su plan hasta que fuera demasiado tarde.

Pero ni los solemnes juramentos con palabras vacías, ni las grandes alianzas, ni las risas en la oscuridad parecían cambiar nada de la crítica situación, porque la sed atormentaba cada vez más, y los pastos eran cada vez más escasos. Y entonces los Elefantes clamaban con furor, acusándose unos a otros de traición y chocándose con sus grandes testas hasta que uno o varios de ellos morían.

Y todos ellos hubieran muerto, precisamente, de no haber ocurrido un extraño hecho. Hete aquí que un amanecer, un niño Elefante se despertó de su ensoñación porque creyó oír el ruido del agua. Se levantó del lado de su madre, que yacía acostada bajo una pequeña porción de sombra, quejándose como los otros Elefantes sobre su inevitable destino, y se dirigió al lugar donde solía estar el río. ¡Y maravilla de las maravillas! Allí estaba el río de vuelta, correteando alegre y ruidosamente por sus viejos canales, fascinándolo con la pureza y transparencia de sus aguas. ¡El niño Elefante no podía dar crédito a sus ojos! Por lo tanto corrió a llamar a sus otros amiguitos niños Elefantes a que comprobaran lo que sucedía allí. Al cabo de un rato, todos los niños Elefantes reían con tiernos sonidos que hacían con sus trompas ante el espectáculo que les brindaban sus ojos. Algunos de ellos corrieron de vuelta hacia donde estaban los adultos Elefante para darles la noticia, pero fueron alejados con palabras duras, burlas y desprecio. Nadie creía a los niños Elefante la buena nueva, tan resignados y encerrados en sus lamentos estaban. Pero tanto insistieron los niños Elefante que uno por uno fueron levantándose y acudieron al río revitalizado. ¡Y allí estaba, tal y como lo habían descrito! Y los niños Elefante y los adultos Elefante se mezclaban por doquier, calmando la terrible sed y mojando sus pieles resecas y lanzándose chorros de agua por sus largas trompas.

Y entre toda esa alegría, no dejaban de preguntarse qué había pasado. Algunos atribuían el hecho a un milagro del Destino, mientras que otros ya trataban de adjudicarse el cambio a acciones que ellos habrían hecho a tal fin. Pero fue el niño Elefante que había escuchado el ruido del agua primero el que, acercando su cabeza al suelo, vio como las pequeñas hormigas, aquellas que él y sus amigos no creían que existieran, y que los adultos Elefante hubieran maltratado y burlado tan injustamente, eran las verdaderas autoras de lo sucedido. Llamándolos a grandes gritos, hizo ver a los otros Elefantes cómo sus vecinas las Hormigas habían cavado y cavado unos pequeños túneles, durante días y noches interminables, con sus pequeños cuerpecitos y sus pequeñas tenazas, que habían hecho que el agua volviera a su curso normal. Y admirados, vieron que otras Hormigas habían hecho otros pequeños túneles en la tierra donde solían crecer las plantas y los arbustos, para que pequeños chorros de agua llegaran hasta allí. Y vieron cómo estas renacían rápidamente con la hidratación necesaria. Y fue entonces cuando se dieron cuenta que el trabajo de Hormiga puede ser lento, puede parecer interminable, muy pequeño e insignificante. Pero que al final del día, había sido el trabajo de las pequeñas y tontas Hormigas el que los había salvado a ellos, los grandes Elefantes.