
Era tan humano...gozaba de reír. Le encantaba suspirar...veía un arroyo rodeado del verdor de los árboles y su corazón latía con la expectativa de una aventura salvaje. Hacía poesía con las palabras que le dictaba su alma, siempre triste y sin embargo era feliz. Valoraba la vida, dondequiera que se hallara, en cualquiera de sus múltiples formas. No envidiaba. No mentía, ni robaba. Jamás sintió ganas de matar. Amaba y ayudaba. Creía. LLoraba y se compadecía de las injusticias que el mundo le deparaba a los que lo rodeaban. Era ternura en un mundo de piedra...
Pero vivió y murió solo, porque nadie lo entendió. Nació entre los hombres inhumanos. Pobre...era el hombre humano.