"...Sólo eran los desvaríos, los delirios fantásticos y las divagaciones de un loco y romántico soñador que buscaba lidiar con sus ilusiones y sus quimeras para darles alguna forma real, como si desangrarse en tinta fuera la única manera posible de atar lo que sentía a palabras. Y como tales, no valían la pena..."

sábado, 23 de agosto de 2014

Microrrelatos de Terror 1



Una vez, por ahí, leí sobre un tipo particular de narrativa. La consigna era simple: en no más de dos oraciones, y teniendo como límite de las mismas el punto y seguido, escribir una brevísima ficción de terror. Acá mis primeros experimentos:

1)
V1: No era un sueño: Jonah abrió bien los ojos, y todos los rostros que le devolvían la mirada en la oscuridad de su habitación le eran familiares, y susurraban su nombre. Y sin embargo, luego de voltear una fracción de segundo para prender la luz de su mesita de noche, ninguno de ellos permanecía allí.

V2: Jonah abrió los ojos: los rostros de aquellos que lo visitaban cada noche y susurraban su nombre le resultaban familiares. Pero también, como cada noche, desaparecían cada vez que él prendía la luz.

2)
V1: Inquieto y turbado, se extendió en la cama hasta abrazar fuertemente el cuerpo un tanto frío de su esposa. Sonó su celular, alarmándolo: era ella, que le avisaba que su madre había empeorado y no podría volver a casa esa noche.

V2: Se dio cuenta que había estado transpirando en frío mientras dormía otra vez, por lo que para tranquilizarse abrazó el cuerpo un tanto frío de su mujer. Sonó su celular, alarmándolo: era ella, que le avisaba que su madre había empeorado y no podría volver en toda la noche.

3)
Su frío aliento le hacía cosquillas en la nuca. Juguetonamente, se dio vuelta hacia el otro lado de la cama, encontrándola vacía.

4)
Ella se soltó de sus brazos, que la estrechaban con firmeza, para dirigirse a la cocina y buscar un vaso de agua. Sobre la mesada y escrita con su particular caligrafía torpe y apurada, una nota rezaba: “Lamento haber tenido que dejarte tan temprano, pero debía ir a trabajar. Puedes quedarte en la cama tanto como gustes :)”.

5)
Sus manos, frías incluso bajo el agua caliente de la ducha, se aferraron a su torso desde atrás. –Adoro cuando te abrazas a mí de esa forma- , le dijo. Desde la lejanía de la cocina, le llegó su dulce voz, que le preguntaba si le había dicho algo a ella.

6)
No había nada que disfrutara tanto como su compañía durante las noches. Excepto cuando recordaba aquella fatídica tarde en la que ella había muerto, tres años atrás.

7)
Quería atribuir todo lo sucedido aquella noche a un mal sueño, pero su mente seguía recordándole con dolorosa insistencia que en ningún momento se había acostado a dormir.

8)
Ella puso sus dos manos en su rostro. Él nunca pudo explicar porqué, aún sabiendo eso, había sentido como otra mano le acariciaba suavemente la espalda.