"...Sólo eran los desvaríos, los delirios fantásticos y las divagaciones de un loco y romántico soñador que buscaba lidiar con sus ilusiones y sus quimeras para darles alguna forma real, como si desangrarse en tinta fuera la única manera posible de atar lo que sentía a palabras. Y como tales, no valían la pena..."
martes, 9 de marzo de 2010
Guide me Home - How can I go on?
Now the wind has lost my sail
Now the scent has left my trail
Who will find me, take care and side with me?
Guide me back safely to my home
Where I belong, once more
Where is my star in heaven's bough?
Where is my strength? I need it now
Who can save me, lead me to my destiny?
Guide me back safely to my home
Where I belong, once more
Who will find me, take care and side with me?
Guide me back safely to my home
Where I belong, once more
How can I go on?
How can I go on this way....?
When all the salt is taken from the sea
I stand dethroned, I'm naked and I bleed
But when your finger points so savagely
Is anybody there to believe in me??
To hear my plea and take care of me?
How can I go on, from day to day?
Who can make me strong in every way?
Where can I be safe, where can I belong?
In this great big world of sadness
How can I forget those beautiful dreams that we shared?
They're lost and they're nowhere to be found
How can I go on?
Sometimes I seem to tremble in the dark, I cannot see
When people frighten me
I try to hide myself so far from the crowd
Is anybody there to comfort me
Lord, take care of me
How can I go on? (how can I go on)
From day to day? (from day to day)
Who can make me strong? (who can make me strong)
In every way (in every way)
Where can f be safe? (where can I be safe)
Where can I belong? (where can I belong)
In this great big world of sadness
(In this great big world of sadness)
How can I forget? (how can I forget)
Those beautiful dreams that we shared
(Those beautiful dreams that we shared)
They're lost and they're nowhere to be found
How can I go on?
How can I go on? How can I go on? Go on, go on, go on
Gracias Freddy
Internal Bleeding I
Sombras, y máscaras. Soy básicamente eso. Tengo la cara cubierta de maquillaje, un maquillaje invisible y rígido, imposible de sacar, que solo se afloja cuando una lágrima a punto de estallar vuelve a recordarme que soy humano, que hay algo dentro mío que sufre. Pero que, como la cera caliente, vuelve a enfriarse y solidificarse al cabo de unos instantes. Y de esa forma nadie sabe quién soy. Vivo por momentos, callo por horas. Un juguete: brillante, novedoso, descartable, reemplazable.
Al cerrar los ojos, siento un vacío que clama, alza su voz a los cielos, agitando el puño, con la impotencia que sólo la injusticia puede garantizar. Pero es tanto, tanto lo que aún queda por hacer, y no siento la fuerza que solía tener.
¿Incomprendido? No, no quiero ser de esa clase de personas que lloran, victimizándose, gimiendo porque su destino es demasiado cruel con ellos... No, más bien incomprensible. Y cansado de tratar de hacer comprender. Y la culpa...que se yo, a esta altura la culpa debe ser mía, tuya, de todos. Igual, yo no se si me interesaría mucho por alguien después de haber sufrido por su egoísmo, y creo que éso es lo que pasa por la mente de las personas que me rodean. Por más que ese alguien busque constantemente el perdón. O el auto-perdón.
Pero el vacío tiene tambien esas cosas positivas. Puede ser rellenado con tristeza, sí. Desolación, angustia, e incluso más vacío. Pero también esperanza. Si tan sólo tuviera algunos cables a tierra...es horrible ver como desfila la gente por al lado tuyo y aún así sentirse tan solo. Supongo que debería sentirme acostumbrado by now, pero cada vez que pasa es una herida nueva, que se añade a las demás, que a la vez supuran y desangran sin parar. Pero sentir este anhelo, que es a la vez urgencia de dar, de saber todo lo que podría llegar a otorgar, o ser, es tan desesperante que no me deja encontrar paz, sin importar cuánto lo intente...
Y al mismo tiempo, llena de ilusiones mi mente juvenil con pensamientos de un distinto porvenir.
En fin, soy un animal. Que ríe, sueña, canta, y trata de ayudar. Como casi todos los demás. Pero que no puede permitirse el lujo de llorar...
Y además, seamos sinceros: ¿¿Quién estaría dispuesto a escuchar??
I Orce Siort Fader (cansado)
Infinita Decadencia

Salí a la calle, apurando mis pasos. Salí a la calle, apurando el vaso. Mi vida, vacía de emoción y llena de humo y alcohol, caía como caían las gotas desde el infierno que se alzaba más allá del alcance de los infames rascacielos, pruebas vivientes de la idiotez humana, réplicas despreciables de una Babel nunca lograda. Rodaba, llorando, arrastrada como una puta en un callejón, hacia la rotonda que se extendía calle abajo a doscientos metros de mis pies.
Tosí, con sangre, como los últimos tres días. El frío ya me importaba una mierda. Mi vida era como las pocas gotas del whisky barato que me quedaban en el vaso que tenía en la mano izquierda. Lo tiré, lejos, como tiré todos los años que inexorablemente quedaban en el pasado. Lo tiré lejos como tiré a Elena, a mi viejo, la vieja, y a tantos otros más. Voló, surcando un espacio negro de vacíos y temores, y aterrizó estallando en pedazos cerca de una pareja que caminaba en mi misma dirección. La mujer se alarmó, escandalizada, y el tipo se dio vuelta para mirarme amenazadoramente. Creo que le grité un “¡Jodete, forro!”, pero como un ataque de tos convulsiva me sacudió internamente, haciéndome caer al piso, no estoy seguro de que ello realmente sucedió. Un delirio, nada más y nada menos, de alguien que estaba cada vez más cerca de su Infierno con cada paso que daba, con cada ridícula porción de oxígeno que ingresaba en sus desgastados pulmones. Porque no es verdad que hay un Infierno común para todos, Dante. Deberías haber escrito menos, y vivido más. La gente vive en sus Infiernos. Es lo que los motiva a querer escapar. Y en cambio vos, como todos los otros maricones que viven sus vidas de escritores, llenas de misterios baratos y affairs con plumas y tinta, te encerraste en tus mundos, porque es la única forma que tenías de controlar algo. Ah, sí. Ahí, en tus mundos, podías hacer lo que te venga la gana. Crear. Matar. Amar. Odiar. Celar. Viajar. Incluso llegar a los siete Círculos del Averno. Pero salís a la calle, y la vida te golpea, te golpea como el viento de un huracán, y te deja escupiendo sangre, haciendo un esfuerzo sobrehumano para morirte unos metros más allá. Como si fuera posible.
Y cuando te arrastrás por un pedazo de cemento y brea mojado, en el cual los pequeños charcos de agua se entremezclan con las manchas de aceite que esos monstruos de cuatro ruedas y treinta-y-pico de miles de dólares dejan por ahí, revolcándote en tu Infinita Decadencia, sintiendo odio por vos mismo y por todo lo que te rodea, pero sobre todo por todo lo que te hace ser vos, es cuando te das cuenta que no sos nada más que una bacteria. Y no de las buenas, sino de las cuales, cuando uno se libra de ellas, no se las extraña más.
Evitando pensar en que la mugre de la calle, que entraba por mis labios resecos, tenía un asquerosamente delicioso sabor, me agarré del espejito de una de las 4x4 que custodiaban el eterno pasillo que me dirigía a mi meta final, e hice fuerzas para levantarme. Una nueva oleada de tos sangrante, y allí la teníamos: una obra de arte hecha a espasmos y estertores en el polarizado de aquella Toyota. Para coronar mi morbosa Mágnum Opus, dibujé una carita sonriente con mis dedos.
Me alejé riendo como un desquiciado, y el resto de mi camino hacia el calvario se hizo asombrosamente rápido. La clemencia de los Ángeles, esa que vuelve al que está pronto a morir en una quietud mental, había absorbido el dolor punzante de mis pulmones, y comenzaba a desensibilizar mis músculos, y sobre todo mi materia gris, o lo que quedaba de ella. “A la mierda”-me dije.-“a mi no me convencen las cosas así de fáciles.”-
Ni siquiera tuve que moverme mucho para ponerme en el camino de aquel camión con acoplado que venía en dirección contraria a mí. Fue la luz, y luego…
Ni siquiera iban a extrañar a esta bacteria. Para cuando me desengancharan de alguna de las ruedas del acoplado, no iba a ser más que una mancha roja en la avenida, entre ropas mugrientas. Sic transit gloria mundi. Me sentí como en casa. Ahí también estaba Dante.+
I Orce Siort Fader
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