Catedral de Marsellas,Francia. Año 1607 de Nuestro Señor.
Las puertas retumbaban a cada embate. Los goznes chillaban a cada golpe del ariete con metálica agonía. Imaginé que pronto el que chillaría de dolor sería él. Eso me dio fuerzas. Me acomodé en mi posición y ordené atacar nuevamente. Avanzamos. Al recibir el azote la madera crujió. Uno más, y estaríamos adentro.-"¡Ésta es la última!"-grité. Los hombres, enardecidos, emplearon todas sus fuerzas. Y esta vez, una de las hojas de la puerta cedió, los grilletes que la mantenían en su sitio saltaron por los aires, y la pesada viga de madera que servía para trancar la puerta cayó con estrépito en el dintel. Todos a una vez, nos arrojamos al interior. Saltamos los bancos que habían sido apiñados contra el portón para impedir nuestro paso. Él estaba allí, temblando de miedo, vestido todo de blanco y parado en el medio de la nave central. -"¡¿Cómo os atrevéis a profanar la casa de Dios?!"-dijo con la voz tomada por el terror. Pero él no sabía que yo no tenía dios. Dios me había abandonado...¿O yo lo había abandonado a Él? No importa ahora, me dije. Lo único que importaba era hacer lo que había venido a hacer. Lograr mi cometido. No pararía hasta tener su sangre en mis manos. Hasta que pagara por lo que había hecho...¿Pero qué había hecho?No sabía. No importaba. Nada importaba ya... Todo era relativo. ¿Qué importancia tenía si era inocente o no? Debía morir.Me acerqué a él y desenvainé la daga que llevaba en la cintura. Con un grito de salvaje alegría, me lancé sobre él. Pero luego me detuve. Se me había ocurrido algo para 'aumentar mi santidad'. Dejaría que ellos lo hicieran.-"Dejaré que ustedes lo hagan..."-les dije.-"Un hombre de Dios como yo no debería manchar sus manos con la sangre de una escoria como ésta. Además, creo que vosotros tenéis más ansias de su sangre que yo, dado que sus víctimas fueron vuestros propios hijos."-Y con esas palabras, les di la espalda y lo dejé en sus manos.(A partir de ahora el relato se reconstruye según las anotaciones del diario personal del padre Eymund, sacerdote de la Catedral)[...Los gritos duraron hasta medianoche. No podía dormir. No estaba arrepentido. Él se lo había buscado. Él me había traicionado aquella noche. Era su culpa. ¿Por qué tenía que haber elegido lo que yo quería? Esa había sido la razón por la que había preparado mi plan. Sonrío ante el recuerdo de lo bien que resultó. Los ignorantes y brutos habitantes de este pueblo no dudaron un segundo cuando llegué agitado ante ellos y les conté la supuesta sucesión de los hechos. Escucharon consternados como él había encerrado a los muchachos en una habitación, y les había pasado cuchillo uno a uno, no sin antes torturarlos...Luego, lentamente fue surgiendo el deseo de sangre y venganza entre ellos, hasta que tomaron lo que tenían al alcance de la mano, cualquier instrumento que pudiera causar dolor, y se dirigieron a la Catedral, conmigo a la cabeza...]Catedral de Marsellas,Francia. Año 1608 de Nuestro Señor, en el día 27 de Marzo.
[Hoy encontré algo raro al llegar a la Catedral. Sería la primera hora del alba cuando un rayo de sol entró por un ventanal de los ubicados en la parte superior de la iglesia, enfocando en un punto por debajo de la representación de la cruz de nuestro señor Jesucristo. Al principio no le presté atención alguna, ya que ese hecho ocurría naturalmente todos los días...pero al volver a pasar más tarde, observé que una mancha uniforme había aparecido en el lugar en que había caído el rayo. Se parecía mucho a una mancha común de humedad, aunque cuando traté de removerla con una paño, no logré sacarla, aunque en cierto modo la dispersé...]
Catedral de Marsellas,Francia. Año 1608 de Nuestro Señor, en el día 30 de Marzo.
[...sé que puede sonar raro, pero tengo un mal presentimiento hacia esta mancha. Ya sor Renata me hizo el favor de tratar de limpiarla, aplicando sus métodos tan efectivos contra las demás suciedades, sin resultado alguno más que el que yo había obtenido: agrandarla...]
Catedral de Marsellas,Francia. Año 1608 de Nuestro Señor, en el día 3 de Abril.
[...no se si me produce miedo. Creo que es intriga. O quizás una peligrosa mezcla de las dos cosas. Lo que sé con seguridad es que está creciendo. Y tomando forma. Es extraño. Aún no se define con claridad, pero si se observa con detenimiento, y con un poco de imaginación, pueden verse un torso, una cabeza y el principio de un abdomen...]
1608, 15 de Mayo.
[¡Esa maldita mancha está volviéndome loco! Es imposible de sacar. Así como es imposible detener su crecimiento. Cada mañana que entro a la Catedral, un nuevo rayo de sol se encuentra sobre la mancha, dándole forma y tamaño. Ya he podido identificar a qué se parece. ¿O quizás mi locura me está jugando una mala pasada? Pero cada vez la veo más parecida la silueta de él...]
1608, 23 de Mayo.
[¡Es él! ¡Es él! Ya no cabe duda alguna. Es él que viene a atormentarme por lo que he hecho. Ya no puedo soportarlo. Hoy, cuando entré a la Catedral, había 26 manchas, una por él, y las otras por cada uno de los niños que asesiné al trazar mi plan. Aquellas manchas diseminadas por las paredes incluso tenían apariencia de niños jugando... Ya no puedo soportarlo más...]
(Aquí concluyen las anotaciones del padre Eymund, cuyo cuerpo fue encontrado el día 29 de Mayo de 1608, acostado y extendido en medio de la nave central de nuestra Catedral, curiosamente con un rayo de sol sobre él, y una mancha negra alrededor...)