"...Sólo eran los desvaríos, los delirios fantásticos y las divagaciones de un loco y romántico soñador que buscaba lidiar con sus ilusiones y sus quimeras para darles alguna forma real, como si desangrarse en tinta fuera la única manera posible de atar lo que sentía a palabras. Y como tales, no valían la pena..."

viernes, 22 de julio de 2011

Introducción sinfónica


Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra, para poderse presentar decentes en la escena del mundo.

Fecunda, como el lecho de amor de la miseria, y parecida a esos padres que engendran más hijos de los que pueden alimentar, mi musa concibe y pare en el misterioso santuario de la cabeza, poblándola de creaciones sin número, a las cuales ni mi actividad ni todos los años que me restan de vida serían suficientes a dar forma.

Y aquí dentro, desnudos y deformes, revueltos y barajados en indescriptible confusión, los siento a veces agitarse y vivir con una vida obscura y extraña, semejante a las de esas miríadas de gérmenes que hierven y se estremecen en una eterna incubación, dentro de las entrañas de la tierra, sin encontrar fuerzas bastantes para salir a la superficie y convertirse, al beso del sol, en flores y frutos.

Conmigo van, destinados a morir conmigo, sin que de ellos quede otro rastro que el que deja un sueño de la medianoche, que a la mañana no puede recordarse. En algunas ocasiones y ante esta idea terrible, se subleva en ellos el instinto de la vida, y agitándose en formidable, aunque silencioso tumulto, buscan en tropel por dónde salir a la luz de entre las tinieblas que viven. Pero ¡ay!, que entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo, que sólo puede salvar la palabra, y la palabra, tímida y perezosa, se niega a secundar sus esfuerzos. Mudos, sombríos e impotentes, después de la inútil lucha, vuelven a caer en su antiguo marasmo. ¡Tal caen en los surcos de las sendas, si cesa el viento, las hojas amarillas que levantó el remolino!

Estas sediciones de los rebeldes hijos de la imaginación explican algunas de mis fiebres: ellas son la causa, desconocida para la ciencia, de mis exaltaciones y mis abatimientos. Y así, aunque mal, vengo viviendo hasta aquí, paseando por entre la indiferente multitud esta silenciosa tempestad de mi cabeza. Así vengo viviendo: pero todas las cosas tienen un término, y a éstas hay que ponerles punto.

El insomnio y la fantasía siguen y siguen procreando en monstruoso maridaje. Sus creaciones, apretadas ya como las raquíticas plantas de un vivero, pugnan por dilatar su fantástica existencia, disputándose los átomos de la memoria como el escaso jugo de una tierra estéril. Necesario es abrir paso a las aguas profundas, que acabarán por romper el dique, diariamente aumentadas por un manantial vivo.

¡Andad, pues; andad y vivid con la única vida que puedo daros! Mi inteligencia os nutrirá lo suficiente para que seáis palpables. Os vestirá aunque sea de harapos, lo bastante para que no avergüence vuestra desnudez. Yo quisiera forjar para cada uno de vosotros una maravillosa estrofa tejida de frases exquisitas, en la que os pudierais envolver con orgullo, como en un manto de púrpura. Yo quisiera poder cincelar la forma que ha de conteneros, como se cincela el vaso de oro que ha de guardar un preciado perfume. Mas es imposible.

No obstante, necesito descansar; necesito, del mismo modo que se sangra el cuerpo por cuyas hinchadas venas se precipita la sangre con pletórico empuje, desahogar el cerebro, insuficiente a contener tantos absurdos.

Quedad, pues, consignados aquí, como la estela nebulosa que señala el paso de un desconocido cometa; como los átomos dispersos de un mundo en embrión que aventa por el aire la muerte antes que su Creador haya podido pronunciar el fiat lux que separa la claridad de las sombras.

No quiero que en mis noches sin sueño volváis a pasar por delante de mis ojos, en extravagante procesión, pidiéndome con gestos y contorsiones que os saque a la vida de la realidad, del limbo en que vivís semejantes a fantasmas sin consistencia. No quiero que al romperse esta arpa vieja y cascada ya, se pierdan, a la vez que el instrumento, las ignoradas notas que contenía. Deseo ocuparme un poco del mundo que me rodea, pudiendo, una vez vacío, apartar los ojos de este otro mundo que llevo dentro de la cabeza. El sentido común, que es la barrera de los sueños, comienza a flaquear, y las gentes de diversos campos se mezclan y confunden. Me cuesta trabajo saber qué cosas he soñado y cuáles me han sucedido. Mis afectos se reparten entre fantasmas de la imaginación y personajes reales. Mi memoria clasifica revueltos nombres y fechas de mujeres y días, que han muerto o han pasado con los días y mujeres que no han existido sino en mi mente. Preciso es acabar arrojándoos de la cabeza de una vez para siempre.

Si morir es dormir, quiero dormir en paz en la noche de la muerte, sin que vengáis a ser mi pesadilla, maldiciéndome por haberos condenado a la nada antes de haber nacido. Id, pues, al mundo, a cuyo contacto fuisteis engendrados, y quedad en él como el eco que encontraron en un alma que paseó por la tierra sus alegrías y sus dolores, sus esperanzas y sus luchas.

Tal vez muy pronto tendré que hacer la maleta para el gran viaje. De una hora a otra puede desligarse el espíritu de la materia para remontarse a regiones más puras. No quiero, cuando esto suceda, llevar conmigo, como el abigarrado equipaje de un saltimbanqui, el tesoro de oropeles y guiñapos que ha ido acumulando la fantasía en los desvanes del cerebro.

Gustavo Adolfo Bécquer.

I Orce Siort Fader (de las primeras veces que me siento tocado por la poesía)

lunes, 18 de julio de 2011

Wishing it was...

It seems that I thrive on the dark side of things:
I always feel alive when the death bell rings...

Pain never makes me cry
But happiness does
It's so strange to watch my life walk by
Wishing it was
Wishing it was more like a fantasy
Where everyday surprises me
Wishing it was

I Orce Siort Fader is Santanized

domingo, 17 de julio de 2011

Siempre me gustó el Invierno, pero hoy...

Tu silencio,
es un Julio demasiado largo;
recrudece el invierno
haciendo estragos.

El viento helado
se lleva tus caricias,
mas se queda acá presente
haciéndome sentir tu brisa.

En mis manos la escarcha
de no poder tocar más tu piel:
tu recuerdo, congelado,
como estalactitas en mi sien.

El sueño amargo,
el frío en mis labios,
la tierra infértil,
de mis deseos frustrados.

Los lobos de mis miedos
me rodean, jadeando.
No hay soles que calienten
estos amaneceres solitarios

Bajo la lluvia de mis ojos
me sumerjo en un intenso letargo:
tu silencio...
es un Julio demasiado largo.

I Orce Siort Fader
(V.M.)

lunes, 11 de julio de 2011

Pequeña Crónica de una Noche como cualquier otra...

Gira para un lado, pero la comodidad no se halla allí. Gira nuevamente sobre si mismo, siempre conservándose en aquella mitad vertical de la cama un poco marcada por su propio peso y el de alguien más. Pero la incomodidad no es inherente a la cama, sino que proviene de él. En esos momentos cruza por su pensamiento que le gustaría tener alguien a quien abrazar, para poder imitar su relajación y dormirse él también, o quizá despertarla para pedir una palabra o un beso de consuelo, porque aunque no quiera admitirlo, aunque trate de mantenerlo a raya, está angustiado. Pero no hay nadie allí, y él abre sus ojos. Se da cuenta de que hace mucho que no hace eso: abrir bien los ojos cuando la casa se halla sumergida en una silenciosa y completa oscuridad. Hay algo relajante en ello, piensa, mientras su mirada se posa en la pequeña titilante luz del piloto de la estufa.
Sabe que de ahora en adelante, todo es desconocido. Que ya no hay grandes pistas de aterrizaje, señalizadas y con sabor a hogar. Poco a poco entiende que se debe desarmar, pero que ese desarme no es igual a ninguno que haya conocido antes, porque no implica un cambio de vendaje ni un torniquete, sino un verdadero sangrar. Que va a doler. Y se siente desnudo, frágil. Y como un piloto de avión inexperto, los giros lo marean, los giros lo aturden, y ya no sabe dónde está arriba y dónde está abajo porque es él mismo quien tiene que construir sus propias dimensiones a través de un trabajo exhaustivo que ocupa cada milésima de segundo. Y quiere correr a esos brazos que ansiaba en su cama pero que tampoco están fuera de ella. Porque sabe que aunque el desafío es duro, no es imposible. Que por más que esté desorientado, está bien y es feliz de una manera que nunca había conocido antes. Y también la desea de una forma que no había conocido antes. Un deseo despejado de aquellos aspectos que habían nublado su visión en el pasado; un deseo por tenerla a su lado, por sus besos, por sus risas, por su calor. Por sus divertidas locuras, por su temperamento fuerte y por esa gracia tan femenina con la que se luce sin siquiera quererlo.
Pero se levanta buscando el confort y la seguridad que simbolizan una taza de té caliente, porque sabe que no es sólo el cálido líquido lo que ingresa por su boca, sino que transporta el sabor de la vida y le recuerda todo lo que quiere saborear en la suya.

Y quiere saber de ella, pero ella probablemente está haciendo con otro lo que querría que fuera con él, ajena a ese insomnio tan particular suyo. Y hace enormes esfuerzos por evitar contactarla, porque ella está lejos de su alcance por las ridículas leyes del espacio tiempo y quizá por algo más. Y las cavilaciones nocturnas se anexan a las diurnas y ahora quiere saber si la separación es sólo temporal o si cabe la posibilidad de que ella también lo espere, a través de los brazos de otro, a él.
Por eso toma un trago de té y se sienta a escribir esta pequeña crónica de una noche como cualquier otra, esta suerte de confesión de que...se ha levantado tan sólo a escribir sobre ella.


I Orce Siort Fader (una vez más) desvelado

domingo, 10 de julio de 2011

Una musa sádica

Cuando ella me habla al oído
pierdo toda noción de lo realmente ocurrido
y como en una nebulosa, navego perdido
mis ojos ciegos,y el corazón desbocado
surge en mis manos lo que ella ha impulsado.

Con su lengua perversa recorre mis temores
se burla ufana de mis utópicos amores
y revive los dolores
que suponía silenciados
y sucumbo ante lo hermoso de su toque despiadado.

Pues algo en mi se agita,
es la musa que me invita
a engañarme una vez más,
a creer que puedo crear,superarme y mejorar;
a dejarme atrás, o quizá volar.

Es que rasguña y me desangra
sedienta siempre, su negra alma
escupe en mis pensamientos aquellos vocablos;
una musa sádica a la vez que mágica,
con una voz que siempre es trágica.

Sin embargo, la deseo...
Sin su toque desespero,
y si no la siento, muero
porque me ayuda a enfrentar casi a diario
las torturas de este infame calvario.

Y a pesar de que me haga sangrar
jamás la osaría cambiar...
Mas es por eso que nunca
voy a poder escribir buenas canciones de amor
porque mi musa...se alimenta del dolor.


I Orce Siort Fader. Escritos tristes, vida (casi siempre) alegre.