Caen gotas de agua podrida sobre sus frentes. La peor escoria de la ciudad, aquello que más desagrada, rueda por entremedio de sus ojos, e inunda con su inmundo hedor sus narices. Las drogas, el hambre, los asesinatos, las putas, los pobres, los chorros y los garcas se deslizan en forma líquida por sus caras, haciendo arder sus poros, mojando sus labios resecos. Es una suerte que ellos sean inmunes, porque a cualquier otro, a vos y a mí, a los corazones sensibles, nos hubiese trastornado profundamente. Pero no a ellos. En ellos, las sucias gotas de la vida simplemente resbalan para caer finalmente al piso con el resto de la mugre que diariamente pisotean con sus caros zapatos.
I Orce Siort Fader