No sabe qué fue. No sabe, para empezar, qué día fue. Si fue un sólo día, o una sucesión de varios de ellos. Ni siquiera si fueron continuos o con lapsos de semanas y meses entre cada uno...
No puede recordar si fue cuestión de minutos, horas, segundos o un instante. Es frustrante (un poco) pero no puede recordarlo por mucho que lo intente.
Porque solía ser común. Pero a raíz de no se cuantos libros, de no se cuantas canciones, y cuál de ellas específicamente, cambió. ¿Qué fue, qué mágica oración encerró tanta liberación? ¿Cuál fue la estocada final a su mundo cerrado, la que desató aquel aluvión de cuestionamientos, de críticas, de angustia, de cambios...? ¿Qué historias le hicieron repensar su propia historia?
¿¿¿Qué le hizo abrir los ojos???
Y ahora está maldito. Camina, insomne, sin poder volver a cerrarlos. Alrededor, todo está oscuro. No hay ninguna luz, más allá de la que pueda crear él mismo, que alumbre su destino. Y exprime su cabeza para tratar de descifrar alguna pista, pero no hay nada allí. Nada, excepto un gran signo de pregunta con muchas, infinitas respuestas. Una para cada paso, una para cada movimiento. Y ya no puede volver a cerrarlos. Ya no puede correr a la par de los demás. Es distinto. Esa es su maldición y su bendición. Ha escapado, para bien o para mal, y ya no puede volver...Aunque se sienta sólo gran parte del tiempo, aunque encuentre a veces a otros caminando sus caminos, para luego volverlos a perder, ya no puede cambiar, pues ha cambiado...¿Se entiende?
Centímetro a centímetro, debe descubrirse para descubrir. Una tarea más ardua que la de Atlas, un peligro mayor que el de Dámocles. Porque al haberlo perdido todo, al haberlo resignado todo (las seguridades, los guiones prescriptos, el conformismo, lo común), tiene todas las posibilidades. Fracasos, pero también Éxitos. Así que camina...seguramente tendrás ambos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario