"...Sólo eran los desvaríos, los delirios fantásticos y las divagaciones de un loco y romántico soñador que buscaba lidiar con sus ilusiones y sus quimeras para darles alguna forma real, como si desangrarse en tinta fuera la única manera posible de atar lo que sentía a palabras. Y como tales, no valían la pena..."
Vale aclarar que todo surgió de la frase que está al principio y al final,de la cual yo no soy autor.
ResponderEliminarTu planteo me hizo acordar a Dostoievsky y un fragmento excepcional de uno de sus libros: "¿De dónde se han sacado nuestros sabios que el hombre necesita voluntad normal y virtuosa? ¿Por qué suponen que el hombre aspira a poseer una voluntad ventajosa y razonable? El hombre sólo aspira a tener una voluntad independiente, cualesquiera que sean el precio y los resultados.
ResponderEliminarDesde luego, señores, la razón es una cosa excelente: de esto no hay duda. Pero la razón es la razón, y sólo satisface a la facultad razonadora del hombre. En cambio, el deseo es la expresión de la totalidad de la vida humana, sin excluir de ella la razón ni los escrúpulos"
No puedo concebir en la misma frase estar "loco de amor" y "muerto por dentro"... Creo fervientemente que quien está loco de amor está más vivo que nunca... a punto de hacer nacer o renacer. Cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad...
ResponderEliminarVolví, y a que no sabés.
Mutilé nuevamente mi blog. No sabés la liberación que me da cuando borro todas las entradas. Jajaja
Te estoy extrañando demasiado ya... el viernes te veo :)
En primer lugar, como me gusta entrar a este blog y que la música aleatoria me sorprenda. Suena Fix you de Coldplay, que belleza!
ResponderEliminarDebo decir que leerte también me llevó a Dostoievski y sus increíbles Memorias de Subsuelo...y también me llevó a esa partecita tan triste de 1984 en la cuál dos y dos eran cinco.
Copio otro fragmento del libro de Fiódor que me gustó mucho y que está relacionado con tus palabras:
¡Perdone! -gritará alguien-. Usted no puede protestar: dos y dos son cuatro. A la naturaleza no le preocupan las pretensiones de usted; no le preocupan sus deseos; no le importa que sus leyes no le convengan a usted. Está usted obligado a aceptarla tal como es y a aceptar todo lo que procede de ella. El muro es un muro...», etcétera. Pero ¿qué importan, Dios mío, las leyes de la naturaleza y la aritmética si, por una razón u otra, esas leyes y ese «dos y dos son cuatro» no me complacen? Evidentemente, no podré romper ese muro con la cabeza, ya que mis fuerzas no bastan para ello; pero me niego a humillarme ante ese obstáculo por la única razón de que sea un muro de piedra y yo no tenga fuerzas para calvario.
"¡Como si ese muro pudiera procurarme alguna paz! ¡Como si uno pudiera reconciliarse con lo imposible por la sola razón de que se funda sobre el «dos y dos son cuatro»! ¡Es el mayor absurdo que puede concebirse!"
COMO TE QUIERO FEDERICO SARTORIIIII!!
ResponderEliminarY qué sonrisa enorme me sacó tu comentario en mi blog, siempre siempre me hacés sonreír! y cuando me enojo es en broma y también me hacés sonreír!!!
Gracias,
Gracias,
Gracias!!!!!!!
...y de esta felicidad vos también formás parte, "la felicidad solo es real cuando es compartida", y vos y el querido grupito cultural me llenan de alegrías!!!!!!!!!